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LOS MUZOS

UBICACIÓN GEOGRAFICA:

Fundada el 20 de febrero de 1559, por el capitán Luis Lancheros y considerada protagonista de innumerables batallas en búsqueda de la leyenda del Dorado, sus minas fueron descubiertas el 9 de agosto de 1564 por el capitán Juan de Penagos, cuando cabalgando por la recién fundada villa de la santísima trinidad de los muzos, los cascos de su caballo hicieron brotar esmeraldas de la tierra y preguntando a los del lugar el nombre de estas hermosas piedras ellos respondieron en su lenguaje castizo “tapi-y-akare” que significa piedra verde dada por el dios Are. 


La región habitada por los Muzo se encuentra localizada en la vertiente occidental de las estribaciones de la Cordillera Oriental al oeste de Boyacá, en la cuenca del río Minero, al oeste de Simijaca, sitio de frontera con los Muisca.


El mencionado río fue llamado así por la cercanía de las minas de esmeraldas; sus aguas son negras por la cantidad de minerales que lava en su recorrido. Pasa por en medio de los cerros gemelos llamados Fura-Tena o Mujer-Hombre, los cuales fueron objeto de adoración de los indígenas; los españoles los llamaron Tetas de Ibama donde se encontraban Notepís. Los Muzo también habitaron en la zona de Paime y la Belleza.


El territorio Muzo de acuerdo con los cronistas y con base en los aspectos geográficos y étnicos estaría limitado por: Las estribaciones de la Cordillera Oriental, en su costado occidental. Esta los separaba de los pueblos indígenas que habitaban el Rincón de Vélez. El ramal de las Quinchas les servía de límite noroccidental. También ocuparon la hoya del río Minero, el cual pasaba por la población de los Muzo. Además, estaban asentados en el Valle de Poima, hoy Paime. Otros límites eran los ríos magdalena y Negro por el occidente y este último también por el sur.


La región de Furatena fue muisca pero la perdieron en guerra contra los Muzos quienes según Duque Gómez (1967) comprendían las tribus de los suratenas, babures, netepís, canipas y otros que se localizaron cerca de Chiquinquirá, Simijaca y Susa donde se encontraban cacicazgos muiscas que se encargaban de defender los dominios del Zipa. Estos guerreros eran llamados güechas y gozaban de gran prestigio ya que cumplían una misión estratégica al impedir las incursiones del enemigo a su territorio.


Las situaciones de tensión se presentaban por la pugna entre los poderes de uno y otro cacique para controlar las redes de intercambio y dominar las tierras bajas.


La población muisca asentada en los alrededores de la laguna de Fúquene limitaba con tribus enemigas como lo fueron los Muzos, pertenecientes a una familia lingüística ajena a la chibcha, quienes realizaban incursiones para apropiarse violentamente de los productos muiscas. Esto conllevó el fortalecimiento de los cacicazgos de la zona, y les colocó en una posición privilegiada dentro de la estructura política de la etnia, pues cumplían una función de defensa del territorio impidiendo el paso y la penetración de los Muzo al territorio del éste.


Dados los fracasos de las primeras incursiones de conquista a su territorio los Muzo se hacían más seguros y confiados en sus ataques llegando a penetrar hasta los territorios de Simijaca, Susa, Fúquene e incluso llegando a amenazar Ubaté.


El territorio Muisca abarca las cuencas y valles del río Bogotá hasta Tena, el río Negro hasta Quetame, El Guavio hasta Gachalá, el Garagoa hasta Somondoco, el Chicamocha hasta Soatá y el Río Suarez hasta Vélez.


Simijaca fue el sitio fronterizo más cercano entre los Muisca y los Muzo, cuyo territorio se extendía al oeste de dicha población e incluía la región de la Belleza (Santander).


El espacio geográfico se divide en pequeños valles separados por peñas y cerros ocupados por diferentes grupos que compartían un mismo ecosistema, pero m siempre una misma identidad cultural, pues se desenvolvían en un mismo ámbito los Muzos, Agataes, Guanes y Muisca. Los jefes locales detentaban un poder político y económico que se basaba en el control de los canales de irrigación, de los recursos lacustres, agrícolas, piedras preciosas como las … Turquesas, girasolas, gallinazas y mapulas … (Piedrahita, 1666/l) provenientes de Susa, y esmeraldas, oro, algodón y maderas que obtenían del intercambio con los Muzo.


-En tiempos prehispánicos el territorio Muisca se extendía hasta el norte de Saboyá y Vélez. Los Muzo emprendieron guerras de expansión territorial, obligando a los muisca a reducir su territorio.

La importancia de estos desplazamientos de población, radica en la pérdida, por parte de los muisca, de las tierras bajas que se extendían más allá de los cacicazgos independientes. De ellas obtenían recursos tales como el algodón, utilizado en la elaboración de mantas, objeto de ofrenda y tributo.


Existía dentro de la comunidad Muzo, la poligamia, que permitía a un hombre tener las mujeres que pudiera mantener.


Los Muzos toman una, dos, y más mujeres. Las que pueden sustentar y como sean ellas de diferentes pueblos y el marido tenga hijos en todas, los unos se pueden casar con los otros, porque dicen que, por aquella diferencia de las madres, no tienen ningún parentesco entre sí, los hijos de un solo padre … (Aguado / 1956).


La organización social de los Muzo fue de clanes matrilineales exogámicos, como los de Yacopí, Itoco, Pauna, Nico, Cuco, Atico e Ibama.


… Y que en cuanto a los casamientos ningún indio natural de un pueblo se casa con la india del mismo pueblo por lo que tienen por gran crimen, sino que los indios de un pueblo se casan con india de otro pueblo o apellido y así entre ellos hay trueque que un indio da una sobrina o hermana a los indios de otros apellidos para que le den otra sobrina o hermana con quien casarse porque al padre no tiene dominio con los hijos porque es una madre que se los lleva a los hijos, excepto aquellos indios que proceden de indios o indias extranjeras que ellos tienen por esclavos que ellos llaman Taparcáes que se casan sin escrúpulos en el mismo pueblo…

(Hernández Rodriguez Guillermo, 1975)


El visitador Suárez de cepeda describía el relieve de la siguiente manera … Es tierra muy áspera, de muchas sierras. Más monutosa que rasa y abundosa de muchas aguas, así quebradas como ríos caudalosos y pantanosos. Es abundosa de muchos mantenimientos de la tierra. De pocos pastos para ganado respecto a ser tan montañosa y áspera.


En referencia a clima … Esta provincia es caliente y húmeda y más templada que caliente es abundosa de aguas … Hay dos veranos y dos inviernos en el año … El un verano comienza de principio de diciembre hasta el fin de febrero y el invierno dura de principio de Marzo hasta fin de Mayo, y de allí entra otro verano y dura hasta el fin de septiembre, y el otro invierno hasta el fin de Diciembre … El invierno es lluvioso y el verano seco …


Los recursos vegetales de la zona los reseñaba el visitador Suarez de Cepeda así … Que los árboles que hay silvestres son el almendro, hay guayacanes, … las jaguas con que se tiñen de negro … higuerones … hay otros árboles que llaman palos de balso … cacao … hay muchos árboles de hobos … robles silvestres … hay muchas palmas …de ellas hacen los indios los arcos y flechas y macanas, y lanzas, y dardos … hay otro árbol que llaman los naturales guanabano … Ceibas donde sacaban veneno, cedros, raíces de china.


Entre la fauna … Se encontraban jabalíes, tigres, micos, gatos de monte, ceros salvajes, osos hormigueros, osos negros, osos pardos, comadrejas, faras, martas, serpientes venenosas (tin tin – tiro).


De los muisca se dice que si algún oro se hallaba era todo traído a las provincias, por los tratos que tenían con éstas por la sal y las mantas que producían; tenían rescates con los Muzos, no obstante, las sangrientas guerras que mantenían entre sí.


El oro y las esmeraldas eran artículos importados que provenían del territorio de los Muzos, éstos se intercambiaban por sal, maíz, mantas y joyas elaboradas por los Muisca.


Entre Muzo y Muisca existía una relación de hostilidad permanente, intentos de ataque y saqueo en la zona muisca, estos ejercían su defensa resguardados por los peñones y aliados entre sí con los habitantes de uno y otro valle, superando el tamaño de los ejércitos Muzo

LEYENDA DE FURA Y TENA

  

La leyenda de fura y tena hace parte del patrimonio cultural de la zona de explotación de esmeraldas de Colombia y las dos montañas que los representan con 840 m (tena) y 500 m (fura) altura, sobre el rio minero, Guaquimay, Carere o Zarbi, como lo describe la leyenda y que los divide en dos, son un orgullo y una muestra de la riqueza natural de la región; conformada por un bosque nativo de una impresiónate variedad silvestre entre las que se destacan las 3000 variedades de mariposas que hacen parte de la historia. Está montañas fueron lugar de culto de los indios muzos, considerado asiento de sus dioses y altar de sacrificios.

La leyenda es parte de los relatos precolombinos que se han conservado en el tiempo gracias a la tradición oral de los habitantes de la región que han sido recopilados por varios escritores, plasmado en varios escritos de mitos y leyendas de la zona. A continuación, podrán leer unas de las versiones más completas de la leyenda de fura y tena:

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LA MINERÍA

  

Las esmeraldas eran muy estimadas entre los Muzo, las usaban como adorno personal y para el trueque entre los clanes. Los métodos para extraerlas eran muy rudimentarios, no obstante, eran artistas en la talla, trabajo que se cree quizá aprendieron de los Muiscas.

El visitador Suárez de Cepeda, reseña así el método indígena de explotación de las minas de esmeraldas en Muzo:

… Cada uno tiene una mina – veta de treinta varas de medir, de largo y veinte de ancho, y cuán grande es la mina, la van sacando a tajo abierto, en banco. Y la tierra o peña que sacan de la mina, la echan y desmontan con un golpe de agua que para ello tienen de lejos. Y despiden ésta tierra y van labrando la mina.

La conquista y colonización de los Muzo, la dirigió inicialmente Hernán Pérez de Quezada, quien tenía conocimiento de la existencia de los Muzo y del peligro que representaban por la costumbre de practicar la antropofagia, por sus enfrentamientos continuos con los Muiscas del altiplano a quienes mantenían asediados, arrasando sus cultivos, sus vestidos e irrumpiendo en su territorio constante.

LA CERAMICA

  

La cerámica es uno de los vestigios culturales que más se conservan de las sociedades prehispánicas. Los métodos utilizados por los indígenas para elaborar sus vasijas en barro fueron: cuerdas enrolladas y alisadas, modelando sobre un objeto o a mano y figurinas elaboradas a partir de un molde.

EL HILADO

EL HILADO

EL HILADO

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En el proceso de hilar el algodón o fibra con la que se pretende tejer, se empleaba – y aún se emplea en algunas regiones cundiboyacenses – un huso, que consiste en una vara de madera con el extremo superior tallado en forma de punta de flecha, arpón o anzuelo, y en el extremo inferior se coloca una pesa, tortero o volante de huso.

En el área de Muzo, los volantes son de cerámica, son pequeños y livianos. Se caracterizan por la variedad de formas cónicas y por una gran diversidad de decoración punteada e incisa.

VESTIDO

EL HILADO

EL HILADO

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Los hombres usaban bejucos cruzados en la cintura y unas bolsas para cubrir sus genitales, como suspensorios. Se pintaban el cuerpo con una tintura negra. Las mujeres usaban una falda a la cintura, adornada con cascabeles que al caminar hacían música.

Según el rango del individuo, algunos llevaban collares de esmeradas, oro y huesos. En la frente se colocaban una cinta a manera de corona. 

MEDICINA

  

Utilizaban el tabaco para curar las enfermedades como el raquitismo y los resfriados. Así mismo el zumo de algunas plantas curativas que no han podido ser identificadas porque no divulgaron su nombre. En cambio, si dieron a conocer la fórmula del veneno utilizando en sus flechas, el cual consistía en tomar tres serpientes venenosas de diferente clase; un animal ponzoñoso llamado tiro, arañas grandes, sapos y bastante leche de ceiba. En una olla grande echaban todos estos ingredientes, tapaban la olla y los dejaban descomponer. Buscaban una india vieja que organizara una cocina, pusiera fuego a la olla, bien tapada, hasta que quedara todo convertido en un líquido espeso parecido a la melaza.


  

LA GUERRA


  

Se utilizó como medio para imponer el dominio sobre otros grupos y territorios. Para adquirir bienes, víveres y las demás necesidades de la población especialmente de sus vecinos Muiscas a quienes asaltaban continuamente, para apropiarse de los productos terminados como cerámica, orfebrería y tejidos.

  

Sus principales armas fueron las flechas envenenadas, arcos y macanas.

Además, tenían otras estrategias de defensa como la de hacer hoyos profundos en los que clavaban púas envenenadas y luego las tapaban; reducían el ancho de los caminos con ramas o malezas envenenadas para que al apoyarse en ellas el enemigo se envenenara; desde lugares altos dejaban rodar inmensas piedras para aplastar a quienes pasase; hacían presuntas retiradas para persuadir que el enemigo los persiguiera y así cayera en las trampas.



 ALIMENTACIÓN 


  

Su principal alimento era el maíz, del cual hacían chicha y mazamorra, además complementaban la dieta con frutas de plantas silvestres como los aguacates, guamas, piñas, papayas, guanábanas, nísperos y cachipayes. Ocasionalmente consumían yuca y fríjoles. En cuanto a la cacería, poco se beneficiaban de ella, a pesar de la gran variedad de animales que había.



  

LA ANTROPOFAGIA


  

Se dice que solamente consumían carne humana cuando cogían prisioneros en las tribus vecinas o entre los conquistadores. Cuando esto sucedía celebraban grandes festejos.

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LEYENDA DE FURA Y TENA

  

“Fue Are el supremo dios, creador del territorio y el pueblo de los muzos; como una inmensa sombra inclinada asomo por los lados del gran rio (magdalena) atravesando en lento vuelo la inmensidad del espacio y el vaivén de sus pasos columpiante, según la mayor o menor detención del movimiento, iban surgiendo las montañas y los valles como agradecida salutación a su creador. Se detuvo después a orillas del sagrado rio minero y de un puñado de tierra formó los ídolos que llamaron fura (mujer) y tena (hombre), que arrojo después a la corriente, en donde, purificados por los besos de la espuma tomaron aliento y vida, siendo ellos los dos primeros seres del linaje humano.

Are les señaló los límites de sus dominios, les enseñó a cultivar la tierra, fabricar la loza, tejer las mantas y a luchar bravíamente para defenderse de las fieras y de los seres extraños que llegaron a sus territorios; les dio normas de salud y de vida, inculcándoles la libertad sin limitaciones de ninguna especie, les puso el sol, la luna y las estrellas y para que eternamente gozaran de la tierra, les concedió el privilegio de una perpetua juventud, pero el amor debía ser único y exclusivo entre los dos, regla de vida que violada por la infidelidad, traería para ambos la vejez y la muerte.

Así Fura y Tena fueron formando el mundo de los Muzos; pasaban años y siglos, generaciones y generaciones, pero el tiempo no llegaba hasta ellos, Siempre en perpetua juventud y progresiva fecundidad veían como su descendencia, descuajaba las montañas y poblaba los dominios. Cada Muzo, cumplidos los veinte años, escogía parcela y formaba su hogar, plenamente libre, sin sometimiento a régimen de gobierno alguno, sin otra obligación que la de venerar a los sagrados progenitores, Fura y Tena.

Fueron así surgiendo en las montañas los labrantíos de Túrtur, Tununguá, Pauna, Canípe, Mísuncha, Quípama, Oquíma, Cubáche, Sacán, Terama, Corauche, Acóque, Chánares, Búnque, Ibacapí, Macaguay, Cóquira, Quipe, Chungaguta, Maripí, Muzo, Cuacha, Guaquimay, sorque, Isaí, Miabe, Boquipí, Purí, Quibuco, Pistoraque, Coper, Surapí, Itoco, Yanacá, Ancanay, Otanche, como tributo de veneración a los primeros seres, que tan fructíferamente cumplían el mandato supremo Are, dios creador que en su marcha al sol, hacía mucho tiempo se había sumergido en la sagrada corriente del Carare.

Tranquila y dulce dentro del trabajo rudo, se deslizaba la vida de los Muzos y pasados muchos siglos la muerte rondaba al fin la juventud de Fura y Tena. Por los mismos lados de occidente, por donde apareciera Are, llegó un mancebo de extraña raza en busca de una flor privilegiada y milagrosa, que tenía en sus perfumes, el alivio a todos los dolores y en sus esencias el remedio a todas las enfermedades.

Curiosamente recorría las montañas, cruzaba los ríos, trepaba los árboles y esperaba la aurora en los más altos picachos escrutando en vano por todas partes la planta que ostentara la codiciada flor. Zarbi, era el nombre de éste extraño personaje. Vagó muchos días y muchas noches en busca de la flor y convencido de la inutilidad de su desempeño, acudió a Fura con la esperanza de hallar en ella un firme apoyo a su propósito, relatándole las maravillosas propiedades de la planta. Tanta fuerza de convicción puso Zarbi a sus palabras que la compasiva Fura se ofreció a ayudarle a descubrir la flor y en busca de ella se fueron los dos a la montaña, pero el sentimiento iba cambiando y el primitivo impulso de compasión se fue extinguiendo para seguir el amor; en busca de la flor misteriosa, encontraron al amparo de la selva, la propicia ocasión para la infidelidad, venenosa flor que llevaba la muerte en sus secretos.

La acusación de la conciencia, palabra de Are que hablaba desde la intimidad, del alma tornó a Fura triste y con la tristeza diariamente le llegaba la vejez, prueba irrefutable de infidelidad y anuncio seguro de la merte. Comprendió entonces Tena que la sagrada ley del único y exclusivo amor que les impusiera Are había sido violado por Fura y que debían morir. Pero la infiel, en castigo, tendría que sostener en las rodillas, durante ocho días el cadáver del esposo engañado, para así regar con lágrimas los despojos de la inocente víctima y mirar y sufrir todo el horroroso proceso de la descomposición humana.

Cuidadosamente afiló Tena su macana, a manera de puñal y recostado en las rodillas de Fura se atravesó el corazón. La sangre comenzó a manar a borbones de la herida, cubriendo en movediza manta púrpura los pies de Fura, mientras su alma iniciaba la marcha al sol, el astro que Are había puesto para animar la vida; pero antes de la ausencia eterna buscó su venganza y en lejanas tierras convirtió a Zarbi en un desnudo peñasco, para así poder flagelarlo con ramales de rayos desde la mansión solar, el cielo de los Muzos.

Zarbi dentro de su pétrea inmovilidad pudo sin embargo luchar, defenderse y vengarse; se desgarró las entrañas transformando toda la sangre que le animara en vida, en un torrente de agua, que despedazando la maleza fue a inundad la tierra de los Muzos y al contemplar a Fura con el cadáver de Tena en las rodillas, más tormentosas se volvieron esas aguas que enfurecidas se estrellaron contra los esposos, aislándolos para siempre y dejándolos frente a frente, convertidos en dos peñones que cortados a tajos se miran todavía, separados por la atropellante corriente del río. Sus gritos de dolor al perforar en ecos la quietud de la selva, reventaron convertidos en bandadas de multicolores mariposas. Inmerso fue el dolor de Fura, las pocas horas que sostuvo en las rodillas el cadáver de Tena fueron siglos de amargura, sus lamentaciones y sus lágrimas viven y vivirán en la historia de los muzos, sus gritos de dolor al perforar en ecos la quietud de la selva, reventaron convertidos en bandadas de multicolores mariposas y sus lágrimas, sus torrentes de lágrimas que en vano quiso contener el hijo mimado Itoco, se fueron transformando al beso del sol en una cordillera de montañas, montañas de esmeraldas.

La triste suerte de Fura y Tena conmovió sin embargo el corazón de Are que desde su trono del sol los perdonó, poniendo para vigilar los sagrados peñones, una guardia permanente de tempestades, de rayos y serpientes y permitiendo que sean siempre las aguas del río Minero, sangre de Zarbi, las que descubran, clarifiquen, laven, y abrillanten las esmeraldas de Muzo, lágrimas de la infiel y arrepentida Fura. Por eso y desde entonces, los Muzos tienen además de su gran templo en el bífido peñón de Furatena; las más bellas mariposas”. 

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